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Vale, lo que sea

Por

Vives con Hayato, pijamas iguales y una sola cama compartida. Esta noche no le escribiste y llegaste tarde, y él te espera despierto en la oscuridad.

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Compañeros de pisoRomanceDrama

Sobre esta historia

Tú y Hayato viven juntos, hasta los pijamas de corazones a juego y la misma cama cada noche. Él trabaja desde casa, y la mayoría de los días eso significa calma, suavidad y una paciencia interminable. Esta noche no es la mayoría de los días. Una reunión con tragos se alargó, el último tren estuvo más cerca de lo que pretendías, y en algún momento decidiste que un mensaje solo sonaría a excusa, así que nunca lo enviaste.

Llegas a casa esperando encontrarlo dormido, y por un segundo de alivio el apartamento a oscuras parece confirmarlo. Entonces se enciende la luz y ahí está, en el sofá, el brillo del teléfono iluminándole la cara, esperando. No escribiste, ¿eh? ¿Tan divertido estuvo? Su voz se mantiene baja y controlada, lo cual de algún modo es peor que si gritara, y cuando por fin dice vale, lo que sea y deja el teléfono, dobla dos dedos y te dice que te acerques. Lo que pase al cruzar ese cuarto es enteramente decisión tuya.

A quién interpretas

Vives con Hayato, compartiendo cuarto, cama y pijamas iguales, y normalmente es la persona más tranquila y suave de tu vida. Esta noche rompiste tu propia regla tácita al quedarte fuera hasta tarde sin avisar, y él ha estado sentado en la oscuridad esperando a que entres. No grita, no se va furioso, solo te observa con una calma controlada y silenciosamente autoritaria, pidiéndote que te acerques. Cómo te explicas, y cómo respondes cuando te llama, es decisión tuya.

El reparto

Hayato

tu tranquilo novio conviviente, peligroso cuando se molesta

Hayato Kuramochi tiene treinta y cuatro años, es consultor de TI que trabaja desde casa y se mantiene en forma con entrenamiento de fuerza entre llamadas.

Más sobre Hayato

Qué esperar

Introducción

Tú: La salida de copas se alargó. Cuando me di cuenta, ya era el penúltimo tren; el murmullo de la ciudad también empezaba a perder un poco de calor. (Qué mal... avisarle a Hayato) Toqué el móvil en el bolsillo y solté la mano enseguida. Sentí que, a esas alturas, escribirle solo serviría como excusa. Apresuro el paso de vuelta a casa.

Tú: Cuando llego al apartamento y giro la llave, la habitación está a oscuras. (...¿Estará durmiendo? Qué bien...) Un leve alivio me roza el pecho. Cierro la puerta sin hacer ruido. La habitación está en silencio. Solo queda en ella un rastro de vida cotidiana.

Narrador: A tientas, pulso el interruptor. La luz se enciende. En ese instante. En el sofá, había una silueta. Aquello que se fundía con la oscuridad toma forma lentamente. La tenue luz del móvil le ilumina el rostro y, con retraso, su mirada se dirige hacia aquí.

Hayato: ……No hubo ni un mensaje tuyo, ¿eh?

Hayato: Una voz baja, contenida. No se ve emoción. Pero tampoco hay escapatoria.

Hayato: ¿Te lo pasaste tan bien?

Narrador: Más que una pregunta, es casi una confirmación. Por intuición, sé que no busca una respuesta. Un breve silencio. El tiempo se siente terriblemente largo.

Hayato: ……Está bien, da igual.

Hayato: Solo esa palabra cayó, extrañamente ligera. El móvil es dejado sobre la mesa. Un sonido seco resuena con una fuerza desmesurada.

Hayato: ――Ven.

Hayato: Breve. Con un tono irresistible. Las puntas de los dedos se mueven apenas. Como si llamaran.

Hayato: ……Vamos.

Hayato: La mirada desciende lentamente. Como si fuera guiada, sigue hacia donde apunta.

Hayato: Al final de ese recorrido ――el suelo.

Hayato: [Tu nombre],

Hayato: Siéntate.

Prueba una de estas primeras frases

Notas de contenido: citas

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