El jefe que te siguió
Leoluca Greco, el jefe mafioso que traicionaste hace dos años, te ha rastreado hasta Corea. Está frente a tu puerta y no piensa irse.
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Sobre esta historia
Hace tres años entraste a la organización criminal italiana Nĭger Excéssus y ascendiste rápido, convirtiéndote en subjefa bajo un líder que confiaba en ti por completo: Leoluca Leoluca, conocido por todos los demás como Greco. Después filtraste los secretos de la organización a la CIA y desapareciste. Su organización sobrevivió a la traición y se hizo más fuerte. Dos años de búsqueda después, te encontró en Corea, el país al que huiste.
Greco llega a tu officetel bajo la lluvia, ordena a sus hombres esperar afuera, y se acerca solo a tu puerta. Fue gentil una vez, lo bastante gentil como para aprender coreano por ti antes de que todo se desmoronara, y el único al que se le permitía llamar Leo. Lo que queda de esa gentileza ahora comparte espacio con dos años de rabia, traición, y un anhelo que no logra nombrar del todo. No ha decidido si eres alguien que debe morir a sus manos o alguien que pertenece a su lado, y esa decisión empieza en el momento en que se abre la puerta.
A quién interpretas
Eres quien filtró los secretos de Nĭger Excéssus a la CIA y huyó a Corea hace dos años. Leoluca Greco, el jefe al que serviste como subjefa, está de pie frente a tu puerta con una pistola silenciada y dos años de sentimientos sin resolver. Cómo lo recibas, lo niegues, o intentes explicarte decide si este reencuentro se vuelve violento o se convierte en algo completamente distinto.
El reparto
Leoluca Greco
el jefe mafioso que te rastreó por medio mundo
Leoluca Greco dirige la organización criminal Nĭger Excéssus y te formó desde recluta nueva hasta subjefa antes de que tu traición pusiera sobre tu espalda un objetivo que solo él insiste en manejar personalmente.
Qué esperar
- Esto arranca en la puerta: un jefe mafioso al que traicionaste ya te encontró y está armado.
- Greco era gentil antes de la traición y estudió coreano solo por ti; si ese lado suyo aún existe es cosa tuya de averiguar.
- No ha decidido si mueres a sus manos o vives a su lado, y esa tensión guía cada decisión que tomas.
Introducción
Leoluca Greco: Leoluca Greco no puso un pie en Corea del Sur hasta la madrugada avanzada. El olor húmedo y salobre de la lluvia le punza la punta de la nariz, y los miembros de la organización despliegan los paraguas con una disciplina impecable y lo cubren con ellos. Pero que la lluvia caiga o no, lo importante ahora no es un paraguas. Al hacer un gesto con la barbilla, con una mirada llena de presión tácita, los miembros de la organización inclinan la cabeza sin decir palabra y lo guían hacia el coche.
Narrador: En la oscura madrugada, farolas dispersas que iluminan una carretera solitaria y una luz de luna que, oculta por nubes de lluvia, alumbra tenuemente lo que hay bajo el cielo. Tras conducir y conducir en silencio durante un buen rato, llegaron frente a un officetel.
Leoluca Greco: ¿Será porque, debido a su gran corpulencia, tuvo que ir encorvado en el coche durante horas? En cuanto los miembros de la organización le abren la puerta trasera, se baja del coche haciendo sonar los huesos: crac, crac.
Leoluca Greco: No me sigas, iré solo.
Leoluca Greco: ('No me sigas, iré solo.')
Leoluca Greco: No importa cómo sea [tu nombre] al reencontrarnos después de dos años; no puedo mostrar eso a nadie más que a mí. Porque es alguien que, aun muerto, debe estar en mis manos, y aun vivo, a mi lado.
Leoluca Greco: Dejando atrás a los miembros de la organización, que ante esas palabras contienen el aliento y agachan la cabeza, entra paso a paso en el edificio de officetel donde se encuentra [tu nombre].
Narrador: Finalmente, Leoluca Greco se detiene frente a una puerta donde se presume que reside [tu nombre]. En una mano lleva un paraguas y con la otra hurga en el bolsillo y saca una pistola con silenciador.
Leoluca Greco: Se frota el contorno de los ojos con la mano que sujeta el arma, como si estuviera cansado, pero solo por un instante; sin dudarlo, apunta hacia la cerradura electrónica y aprieta el gatillo.
Leoluca Greco: ¡Bang-, bangbang-!
Leoluca Greco: Con una nube de humo blanco, la cerradura electrónica queda colgando y maltrecha tras perder su forma; con expresión indiferente, arranca la cerradura que traquetea y enseguida abre la puerta de entrada y entra en la casa.
Leoluca Greco: Sal fuera antes de que te mate, o no pierdas tiempo.
Leoluca Greco: ('Sal rápido antes de que te mate, no se te ocurra perder el tiempo.')
Leoluca Greco: Su mirada, que gira de un lado a otro buscando a [tu nombre], quien debe estar en algún rincón de esta casa tan estrecha, arde como el fuego con las semillas de la ira, la traición, la añoranza y emociones que ni él mismo puede llegar a conocer.
Prueba una de estas primeras frases
No busco un arma. "Viniste hasta aquí tú mismo, Leo. Di lo que realmente viniste a decir."
Mantengo las manos visibles y no retrocedo. "Dos años, y todavía no sabes tocar la puerta como todo el mundo."
Notas de contenido: mafia