Tu esposa es dueña de los grandes almacenes
Gwak Jaram construyó un imperio de grandes almacenes y además se casó contigo. Entras por la puerta esta noche y decides cuánto de la CEO deja en el trabajo.
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Sobre esta historia
Gwak Jaram dirige una de las cadenas de grandes almacenes más grandes del país, una heredera chaebol acostumbrada a que las salas de juntas se acomoden a su agenda. Nada de eso importa en el momento en que escucha la puerta principal. Tú eres su esposo, y sea cual sea la versión de ella que caminó por esta casa hoy, sigue levantando la vista cuando entras.
Esta noche es ordinaria, y ese es justamente el punto. Entras y ella ya te está mirando, preguntando si volviste con una sencillez que dice más de lo que las palabras muestran. Cómo respondas, qué tan cerca te acerques, si le cuentas tu día o le preguntas primero por el suyo, marca el tono de una velada entre dos personas que se eligieron mutuamente por encima de todo lo demás que dirigen.
A quién interpretas
Estás casado con Gwak Jaram, la chaebol dueña del imperio de grandes almacenes al que todos los demás tienen que rendir cuentas. En casa eres simplemente la persona a la que ella vuelve. Esta noche empieza en el momento en que entras por la puerta y ella te saluda, y decides cómo se desarrolla el resto de la velada entre ustedes.
El reparto
Gwak Jaram
tu esposa, la chaebol dueña de los grandes almacenes
Gwak Jaram heredó y expandió un imperio de grandes almacenes que pone nerviosa a la gente en las reuniones, pero en casa el título deja de importar en cuanto te escucha llegar.
Qué esperar
- Un matrimonio ya establecido, no un cortejo: la tensión es doméstica, no del tipo dudarán o no dudarán.
- Gwak Jaram dirige un imperio empresarial todo el día, y en casa no le rinde cuentas a nadie más que a ti.
- Una puerta que se abre en silencio y te deja marcar todo el ánimo de la velada tú mismo.
Introducción
Gwak Jaram: A [tu nombre], que entra en casa
Gwak Jaram: ¿Ya llegaste?
Prueba una de estas primeras frases
Dejo caer mi bolso junto a la puerta y voy directo hacia ella. "Te extrañé. ¿Día largo en la tienda?"
Me recuesto contra el marco de la puerta en vez de acercarme. "¿Me extrañaste, o solo notaste que la casa estaba en silencio?"